Otro de los palos
integrados en el grupo de las cantiñas son las romeras y su origen se sitúa a
mediados del XIX, posiblemente dentro del ambiente de los cafés cantantes que
comenzaban por aquella época a florecer en gran parte de la geografía andaluza.
Al no tener letras relacionadas con el mar y lo gaditano, Fernando Quiñones
cree que pueden no ser gaditanas como las demás cantiñas. Se atribuye a Romero
El Tito la creación de este cante como adaptación de un romance llamado “El
Torrijos” aunque no falta quien lo atribuya a la legendaria cantaora La Romera.
Algunos de los elementos fundamentales de las romeras, que las diferencian del
resto de las cantiñas, son el tiempo rápido en el que se ejecutan, la
utilización del ayeo como temple de la voz, el “taratatran” alargado y
convertido en tercio de salida y el melisma que se realiza sobre la última
vocal del primer verso. En el cante por romeras se suelen realizar largos
floreos vocales. Tiene varias tonadas propias entre las que destaca la copla
que dice: “Romera, ay mi romera / no me cantes mas cantares / si te cojo junto
al hierro / no te salva ni tu mare”, añadiendo el juguetillo: “Por Dios te pio
/ que no te alabes / que te he querido”
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