martes, 3 de julio de 2012

Los Palos del Cante:


Martinetes

Las tonás que según una idea muy extendida los gitanos cantan en sus fraguas, de Cádiz/Jerez y Sevilla/Triana. Su denominación puede proceder del martillo con que trabaja el gremio de los herreros, o bien de los fuelles gemelos que se utilizan en las fraguas que se llaman martinetes.
Por su parte el estudioso Pierre Lefranc apunta unos enormes martillos manipulados por varias personas que se usaban para clavar las estacas en la construcción del arsenal de La Carraca en San Fernando como el antecedente del nombre y el cantable.
El martinete es un cante valiente, que normalmente se hace proyectando la voz por una sucesiva escala ascendente –sobre todo el llamado martinete redoblao-, aunque a veces se interpreta con menor efusividad dejando para el alarde final una toná grande o la debla.
En su calidad de estilo poderoso es impensable, aunque por ahí lo encuentren escrito, que se cantara mientras se trabajaba sobre el hierro. En verdad se hacía en los descansos, por ejemplo, durante las esperas para que el hierro se calentara al fuego y sobre todo después de la faena. Suelen iniciarse con un onomatopéyico tran-tran, remedando el sonido del martillo sobre el yunque.
En el concurso de Cante Jondo celebrado en Granada en 1922 se incluyen los martinetes junto con las carceleras. Hoy se cantan tres especies principales de martinete: el natural, emparentado con algunas seguiriyas, que a su vez se puede cantar redoblado, repitiendo alguno de sus versos.



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